Tres electivas tenía Hernán que inscribir en ese semestre. Sólo ofertaron 5, y los horarios le cuadraron milagrosamente para las tres que necesitaba.
-¡¡Oz yo no quiero inscribir ésta!! Es con ése profesor... ya vimos clases con él, ¡¡es una tortura!!
-¿Y qué más vamos a hacer? No nos cuadra ninguna otra electiva... ¿queréis esperar al otro semestre para inscribir la faltante?.
-Bueno, no. Pero te lo estoy advirtiendo, ¡sufriremos!
Sonó a profecía, una que lamentablemente empezaría a hacerse realidad desde la primera clase. Tomar apuntes era una odisea, escuchar al profesor un esfuerzo enorme por no caer dormido en la mesa, y entender, sencillamente, imposible.
Una clase en particular, a eso de la mitad del semestre, Hernán abandonó.
-¡¡No lo soporto más!! ¡¡No entendí nada hoy!! ¡¡Esto no se aguanta!!
-Pero calmáte Hernán.
-¡¡No entro más!!
Desición irreversible. Efectivamente Hernán no entró más, pero empezó a estudiar la materia por su cuenta. Ésta no tenía examenes pero exigía la entrega al final de tres proyectos, con información suministrada en clases: Unas hojas de cálculo programadas en un computador; el diseño de un galpón a dos aguas con una grúa puente; y el de un edificio de cuatro pisos.
Como es de costumbre, la sección, de nueve personas, empezó los proyectos apenas unas tres semanas antes del final del semestre. La falta de pedagogía del profesor mostró sus consecuencias durante esas tres semanas en que los estudiantes le dedicaron más de un improperio.
Al final todos entregaron, mal que bien, unos trabajos, que pecando de mediocres, les permitiría optar al menos por una nota que aspiraban fuese de aprobación. Hernán hizo lo propio, entregando según palabras del profesor, que dejaba mucho que desear en el salón de clases pero que es un excelente ingeniero, el proyecto "menos malo".
-Se los dije! entrar a clases era una pérdida de tiempo.
-¿No te dijo nada por las inasistencias?
-No, creo que ni miró los listados.
-¿¿Qué?? !!y yo que no quería faltar porque pensé que valía nota!!
Hernán aprendió mucho en la materia que durante un semestre le sacó más de una rabia, para su orgullo, por su cuenta. Viendo todo en frío se dió cuenta de que incluso no le caía tan mal el profesor, pero seguía pensando que era un idiota y que no se le entendía nada en clases. El Infierno que representó la materia por el estrés que generó en Hernán y el resto de la sección probablemente se lo armaron ellos mismos. Por supuesto y repitiendo la idea, esas cosas se entienden en frío.
Esa última semana del semestre al profesor se le murió su perro.
-Pobre perro, todas las maldiciones que le echamos al profesor le cayeron a él.- Llegó a decir Marco.